La corriente de aire que entra por la ventana mueve las cortinas proyectando sobre la pared de enfrente de la cama una serie de sombras que a ratos la parecen personas a punto de asaltar el dormitorio. Cuando al fin consigue no sobresaltarse con ese vaivén de sombras y ya alcanzando la duermevela parece que las cortinas representan una especie de Pantomima. Como en un teatro de sombras el juego óptico va meciéndola en el sueño.
Ayuda al sueño que es verano. En la Pantomima de la pared y fuera también. Oye lejana la dulce cadencia de las voces que retrasmiten el tour de Francia que ve su abuelo en el salón de la planta baja. Puede oir el calor que hace que el aire de castilla se vuelva pesado cada tarde de julio y hace cantar a las chicharras. Oye el ladrido desganado de los perros de la vecina con los que se enemistó hace unos días porque intentaron matar a su perra y de no ser por su abuelo, lo hubieran conseguido sin problemas porque Janis, la perra, es una chucha que no pesa ni 8 kilos y nada tiene que hacer frente a mastines y razas grandes. Por primera vez en su vida un animal le cae mal y no sabe muy bien qué tiene que sentir.
Debido a este suceso y a que en los últimos meses han muerto varios familiares una idea la ronda en la cabeza: la muerte acecha. Mientras la vence el sueño las sombras de la pared ahora la parecen lobos dispuestos a atacar. ¿La muerte acecha como una sombra en la pared o como un lobo? Es igual, se dice a sí misma, no creo que importe, algún día me tocará el hombro y dará igual si es lobo o sombra. Decide en ese instante que esta será su última siesta.
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